"El Deportista con tendencia depresiva"
Traducción de la obra, de Ogilvie B. C. & Tutko, T. A. (1966). Problem athletes and how to handle them. London. Pelham Books. Cap. V.
La naturaleza misma de la mayoría de las competencias deportivas hace que haya un vencedor y un perdedor. Inevitablemente, tiene que haber un perdedor, y todos nosotros hemos sido testigo de tal experiencia. Cada individuo reacciona a su manera. Algunos se molestan y tratan, ya sea de minimizar la actuación del adversario, ya sea de criticar a los oficiales o a sus compañeros de equipo, etc. Su cólera se exterioriza de manera evidente. Otros individuos parecen indiferentes y, de hecho, no se afectan mucho o absolutamente nada cuando pierden. Han puesto tan poco de ellos mismos que la derrota no los afecta prácticamente. Otros, aun conservan la sonrisa incluso cuando son derrotados. Quizás hayan dado lo mejor de sí y realizado una brillante presentación sin que por ello han podido evitar la derrota de su equipo. A menudo hemos podido comprobar que deportistas que no habían sido seleccionados desde hacia mucho tiempo, se sentían contentos cuando su equipo perdía. Como no habían sido seleccionados cuando aun se consideraban capaces, se veían obligados a esperar una derrota de su equipo con la esperanza de volver a conquistar su lugar.
Pero la relación más natural ante la derrota, sigue siendo la decepción y la tristeza pasajera. La importancia y la duración de esta tristeza dependen de la importancia de lo que se arriesga. Cuando más importante sea lo que esta en juego, más intensa será la emoción y la decepción tendera a durar más.
No obstante, hay deportistas que parecen necesitar mas tiempo para recuperarse de una derrota. Son terriblemente severos con ellos mismos, y la intensidad y duración de su decepción parecen desproporcionales si se le compara con la de sus compañeros.
Si la prueba era particularmente importante o si la misma revestía un significado especial, la reacción sólo será mas pronunciada.
Puede ocurrir que e determinados casos un deportista jamás se recupere completamente y que se encierre en sí mismo durante un periodo prolongado.
Esta depresión puede tener numerosos motivos. Si a causa de un grave error, se le puede imputar directamente la derrota, tal reacción podrá, incluso, parecer razonable; al igual que si el es el capitán del equipo o si tiene otras responsabilidades.
En cambio, existen otros deportistas que parecen asumir una responsabilidad que no es la suya. Se siente responsable de una derrota cuando no lo son en absoluto. También ocurre que, pese a formar parte de los que tienen que ver con la derrota, realicen la mejor actuación. Tal reacción resulta mucho más incomprensible cuando el deportista tiene pocas o ninguna razón para situarse en semejante estado.
El caso extremo esta representado por deportista que queda tan afectado cuando pierde, que queda crónicamente deprimido y sus resultados comienzan a ser afectados por esta depresión. A veces, esto resulta tan grave que el menor detalle contribuye a agravar este estado depresivo. Esta situación puede desatarse con las burlas de sus adversarios a su persona o a otro de su equipo, de su club, de su entrenador. En lugar, como se dice, suscitar su cólera, esto hace nacer en él, el sentimiento de ser derrotado por adelantado. Frecuentemente la impresión de auto-humillación y de auto-castigo que da, no solo se refleja a través de sus actuaciones, sino también a través de sus continuas criticas a sí mismo. Esto disimula frecuentemente un deportista demasiado modesto. No quiere medir verdaderamente sus capacidades y, por el contrario, trata de minimizar sus esfuerzos y sus posibilidades. Si gana, atribuirá su victoria a la suerte o a la debilidad de la oposición. En los casos mas graves, dirá que el no vale nada y que su equipo se las arreglara fácilmente sin él. Hemos conocido varios casos de deportistas que han ido a la oficina de su entrenador para decirle que renunciaban porque no se consideraban a la altura de su equipo. Muy a menudo, al entrenador esto lo deja estupefacto pues, quizás, no-tenia la menor idea del conflicto que presentaban sus deportistas. Y un muchos casos, se sentirá importante para reaccionar ante esto.
Hay dos tipos principales de deportistas con tendencia depresiva, los apáticos y los agitados.
Se logra precozmente estos dos tipos, por diferentes medios.
Justamente, acabamos de describir uno. Es el caso del deportista que tiene tendencia a ser demasiado modesto; casi al punto de carecer de realismo. Se describe a si mismo como alguien no dotado, insignificante, sin las condiciones requeridas, etc.
Si bien la modestia puede ser considerada en algunos deportistas como una cualidad admirable, cuando la misma adquiere medidas desproporcionadas, puede considerarse que esto es una manera de iniciar a los otros a asociarse a su auto -castigo.
Y a veces esto da resultado. Entonces habrá encontrado a algunos compañeros de equipo listos para utilizarlo como chivo expiatorio, especialmente entre aquellos que no son capaces de asumir por sí mismo sus responsabilidades. Todo esto no hará mas que acentuar los antecedentes para la auto-critica del deportista depresivo.
A menudo, lo que se calla mas de lo que se dice es lo determinante. Uno de los principales síntomas es que no dice nada. Antes de su depresión, quizás era locuaz y emprendedor, a veces hiperactivo al punto de ser el alma del equipo. Cuando comienza su depresión, habla cada vez menos hasta que termina por callarse.
Rompe toda comunicación con sus compañeros de equipo o con su entrenador. Se encierra en sí mismo, pero no de la misma manera que el deportista que hablamos anteriormente. En el deportista depresivo, esto adopta la forma mas bien de un repliegue completo hacia si mismo. Además, en deportista encerrado en si mismo y especialmente el desconfiado, es muy sensible de lo que pasa en el seno del equipo y entorno a él, mientras que el depresivo ha efectuado un repliegue completo que ha llegado a ser perfectamente insensible. Parece haberse deslizado en su concha con la intención de permanecer con ella, como si no quisiera tener contactos con otros, impidiendo al mismo tiempo tenerlos con él. Busca defenderse del mundo.
El depresivo apático
De los tipos descritos aquí, quizás sea él mas gravemente afectado. Se torna menos activo, parece reaccionar mas lentamente y se debilita físicamente como si su energía lo abandonara. Tiene el aspecto fatigado como de quien no duerme bien o se alimenta mal. Al principio, no se nota gran cosa, pero muy pronto no cabe la menor duda de que esta a punto de hundirse. Puede ser que empiece a faltar a los entrenamientos o a siempre llegar tarde y presenta una dolencia que, supuestamente, se esta incubando.
Las cosa llegaran a un punto en que el entrenador le sugerirá que tome unos días de descanso, en el caso en que el deportista ya no se lo hubiera pedido. Uno de los síntomas de la depresión es un sueño mas prologado y más frecuente, sin que por ello la persona en cuestión se sienta descansada. Este individuo tiene la impresión, incluso, de que pudiera pasar todas sus jornadas durmiendo.
Semejante falta de impulso influye en sus performances y en sus entrenamientos, así como en el resto de sus actividades para interesarse en algo, debido a la fatiga que experimenta rápidamente, por lo cual abandona los trabajos que habitualmente lograba terminar. Pese a todos sus esfuerzos por sobreponerse a este estado, nunca lo logra. Esta decadencia progresiva se continua hasta que la misma no tenga mas que un deseo: "Plancharlo" todo, incluso el deporte, para quedarse solo con si mismo y poderse deleitar con su indignidad.
En este preciso momento, l individuo alcanza la etapa de la apatía total. Se encuentra completamente encerrado en su concha.
El depresivo agitado
Es un tipo engañador pues se mantiene habitualmente activo cuando incluso esta deprimido. Nada le satisface y resulta extremadamente critico hacia si mismo, hacia sus entrenamientos, sus resultados y sus capacidades deportivas en general.
Aunque nada de lo que emprende le satisface, no puede mantenerse tranquilo. Se entrenara, quizás, durante mas tiempo y más duramente, acumulado por todo resultado, mayor numero de errores que enseguida se dedicara afanosamente a corregirlos.
Cuando tenga la impresión de haber superado uno de estos efectos, encontrara otros diez y todo volverá a comenzar.
Se observara que cuanto más se repita este circulo vicioso auto-destructor, mas se apenara el deportista y más miserable se sentirá. No hay ningún medio para detener esta espiral descendente o para escapar de ella. Sus actividades son el reflejo de su derrota contra sí mismo. Contrariamente al depresivo apático, él sabe que virtualmente esta obrando en contra suya. También, él siente el deseo de abandonarlo todo pues se ha "probado" a sí mismo que es incapaz de tener éxito y que, por consiguiente, no vale nada.
Lo que de primer momento llama la atención de estos deportistas, es que parecen prestos a todo para demostrar que son perdedores. No les basta con sentir pena de vez en cuando por una derrota; le hace falta más. Es como si cada una de sus derrotas tuviera como única función confirmarlos en su convicción de ser solo perdedores.
Siempre se las arreglan, a su manera, para virar la situación, para que la derrota sea más humillante. Un medio frecuentemente bastante utilizado consiste en fijarse metas demasiado altas. Algunos deportistas la fijan tan alta que el fracaso es inevitable. Lo hacen a menudo a principios de temporada y luego son incapaces de ganar sea lo que sea, culpándose así con no haber realizado su objetivo inicial. Ellos mismos se han distribuido las peores cartas.
Cuando se les interrogaba, a menudo responden que creían poder lograrlo y luego se desalientan completamente después del fracaso. Tenían la impresión de que solo contaba la meta inicial. Un corredor de 100 manifiesta, por ejemplo, al inicio de temporada, querer correr la distancia en 10"5, cuando su mejor resultado era hasta el momento 10"7. en su primera competencia, logra 10"6 y aunque mejoro su tiempo, se siente humillado. Mas tarde su tiempo puede descender incluso por debajo de sus 10"7.
Para comprender bien al deportista con tendencia depresiva y distinguir mas claramente la principal fuente de conflicto, examinemos de cerca la manera en que reacciona ante sus frustraciones. Cuando nos enfrentamos a una situación generadora de conflictos o capaz de ocasionarnos una gran frustración, que de más natural que encolerizarnos. No importa quien lo haría. Es nuestra reacción psicológica a la frustración. La cólera causada por la frustración generalmente esta dirigida contra el objeto que la provoca. Por ejemplo, cuando un niño se pone bravo con un juguete que no funciona, o bien lo tira o bien lo rompe. Si un hombre se siente frustrado por su automóvil roto, empieza a insultarlo o darle golpes a las gomas.
En ambos casos la cólera esta dirigida contra el objeto.
La situación antes descrita no acarrea consecuencias pues no es un ser humano quien provoca la frustración. En el caso contrario, las cosas se complican un poco por la buena razón de que una agresión directa contra alguien pudiera muy bien lesionarlo. Existen medios "legales" que le permiten a un individuo expresar su cólera a otro. Puede hacerse discutiendo, expresando nuestro desacuerdo o incluso diciéndole que, de hecho, el es el origen de nuestra frustración de nuestra cólera.
La que viene en mente es que la persona tratada así pudiera vendarse. Otra posibilidad es que rechace completamente a la persona encolerizada ole retire su afecto. También se le pudiera peder para siempre como amigo o como compañero. Pero, y esto es mas grave aun, pudiera vengarse sometiendo a ruda prueba nuestra confianza en nosotros. En otras palabras, la persona que en un inicio se molesto, puede caer completamente en su sin razón y, por consiguiente, hacerse por todo el grupo de sus amigos.
El deportista depresivo tiene un modo muy particular de expresar su cólera: en lugar de dirigirla contra la fuente de la misma, la vira interiormente contra él.
No se pone bravo con sus amigos, se pone bravo con el mismo. No castiga a los otros cuando estima que estos le han hecho daño, si no se castiga a sí mismo. Así, pues, en todos los casos en que debiera ponerse bravo, no lo hace, ni increpa a nadie, y todo se lo coge todo para sí. Su cólera se transforma entonces en auto-condena, en depresión y en tristeza.
Su cólera no ha tomado la dirección habitual, se ha interiorizado.
Si solo existiera esta dificultad, todo no seria mas que un problema pasajero y no presentaría una depresión prolongada. Cuando alguien exterioriza su cólera, se asiste a una explosión repentina, luego todo pasa. La persona que, por el contrario, vuelve la cólera hacia si misma, se expone a otros problemas. Y, una vez que haya asimilado su cólera, sabrá inconscientemente que esta bravo. Esto acentuara su depresión pues empezara a reprocharse tal sentimiento, lo cual solo aumentara su cólera, favoreciendo así su depresión y así sucesivamente.
La ansiedad que desata la cólera y su tendencia a trastornar al deportista por un periodo prolongado explica por que el deportista apático tiene la impresión de estar en una vía sin salida y por que el deportista agitado, se siente arrastrado en un circulo vicioso. La cólera favorece la depresión, que a su vez, favorece la cólera, etc.
Otras observaciones nos ayudaran a aclarar algo más este esquema. Muy a menudo el deportista le gustaría poder asumir o enfrentar el hecho de ponerse bravo contra alguien y decirle lo que piensa, pero se siente incapaz de hacerlo. Tiene un concepto tan pobre de sí mismo que tiene la impresión de no ser capaz de hacer valer sus derechos. Al no sentirse jamás verdaderamente fuerte o capacitado, pierde todo su tiempo en hundirse en la depresión.
Hemos descrito una variante particular de este síndrome en el capitulo dedicado al deportista herido en su amor propio. Se trata del deportista que prefiere destruirse a si mismo en vez de destruir al otro. La persona que se destruye a sí mismo (suicidio) representa el caso extremo.
La depresión puede ser un arma tan cruel para castigar a los otros como no lo es el suicidio para reprimirlos indirectamente. Este tipo de comportamiento sirve así para varios objetivos, siendo el medio que le permite al deportista asumir efectivamente su cólera.
Sin lugar a dudas, comprendemos mejor el por qué recurre a este comportamiento singular si se examinan los métodos particulares que han servido para educarlo.
Etiología
El tema familiar que domina en el hogar del deportista con tendencia depresiva es que este no sirve para nada. Desde los primeros meses de su existencia, se le ha dado a entender. Lo aprendió directamente y en carne propia por las nalgadas y otros castigos corporales. El procedimiento se completa haciéndose saber de diferentes modos que el no valía nada y que, emprendiera lo que emprendiese, fracasaría.
Si bien al inicio el prejuicio proviene de sus padres, muy pronto llega el momento en que el niño también empieza a creérselo.
Se hace tan mala impresión de sí mismo que adquiere la impresión de que nunca lograra nada y de que no podrá llegar a ser alguien meritorio. Incluso cuando tiene la razón en algo, se las arreglan para que experimente su culpabilidad. Se considera el mismo un perdedor. Consciente o inconscientemente escoge situaciones en la que esta seguro que perderá.
La madre del deportista depresivo completa el cuadro de una manera muy particular; ella desempeña el papel de mártir, imagen encarnada del sufrimiento, en la que todo el mundo se encarniza.
Esgrime constantemente el arma de la culpabilidad y la utiliza con tal eficiencia que la misma se convierte en el medio de controlarlo absolutamente. El empleo de la culpabilidad para castigar presenta numerosas ventajas: si usted se molesta con alguien, como reflejo el se molestara también.
Pero si usted llega a culparlo, el deportista depresivo no puede darse el lujo de encolerizarse. Si lo hiciera, solo seria mas culpado. Además, quien utiliza el arma de la culpabilidad no tiene por que temer una reacción de venganza.
La segunda ventaja que ofrece este método es que el mismo suscita mucha comprensión. No solo los otros evitan ponerse bravos sino que empiezan a preocuparse, incluso a cuidar y atender a quien los culpa.
Por ejemplo. Una madre dirá por el estilo: "tu solo trata de ponerme enferma". Esto paralizara la acción incriminada y, ante todo, hará que el sujeto le confiera los cuidados que reclama su "estado". Estas personas, como la madre, se sirven de determinados números de expresiones que, lanzadas en el momento propicio, suscitan invariablemente sentimientos de culpabilidad: "¿cómo se atreve a tratarme de este modo después de todo lo que he hecho por ti?" o bien "esta bien, no te ocupes mas de mi, te voy a dar el gusto de enterrarme", por solo citar los mas comunes. Lo anterior sirve para darnos una idea general sobre este tipo de expresión y sus efectos.
La ultima ventaja de este método es que permite ejercer un control. Infaliblemente la victima se siente tan afectada al punto de tener algo que hacer. No se sentirá tan afectada de su culpabilidad hasta tanto no haya respondido a las exigencias que se le ha planteado. Si trata de romper estas cadenas, se sentirá consumido por la inquietud y el remordimiento, como si para poder encontrar la paz, le fuera necesario obedecer. Esto es valido no solamente para la situación especifica del momento, sino también en situaciones futuras. Incluso empieza a anticiparse a las preguntas que se les pudieran hacer y a sentirse culpable con mucho tiempo de antelación. Si se le hacen al niño demasiadas exigencias, este se sentirá constantemente en estado de culpabilidad y ya no sabrá con claridad que decisión tomar. Además, nunca se le dejara tener la impresión de tomar una buena decisión, pues, cualquiera que esta fuese, le disgustaría a su madre y entonces ella continuaría castigándolo como de costumbre.
Aquí, nuestro lector puede darse cuenta de la estupidez de la situación y de la intensa aversión que tan triste suerte debe engendrar. Pero esto solo concurre robustecer este comportamiento pues la familia del deportista depresivo, no le esta permitido su hostilidad. Si expresa abiertamente su cólera, solo será mas culpado. Se le hace comprender a quien se pone bravo cuan indigno y despreciable es.
Ha violado las costumbres familiares y debe pagar con su falta. Su madre no le hablara hasta tanto no se enmiende; a veces, llegara hasta no ocuparse mas de el hasta que no cambie sus concepciones.
Quizás el deportista pudiera terminar este problema si se sintiera apoyado por su padre o que ambos pudieran cerrar filas ante semejante situación. Sin embrago, su padre habitualmente apoya a su madre, y lo que es más desalentador, esta seguro de que tiene la razón, dogmática y sentenciosa. El no utiliza los subterfugios de su esposa, sino que, por el contrario, actúa como la conciencia de la familia. Lamentablemente, ostenta una moral particular pues siempre tiene la razón y se confiere el derecho de imponerle sus reglas a los demás. Por eso es capaz de entenderse con su mujer. Si esta empieza a querer culparlo, el padre sigue estando seguro de que tiene la razón. Generalmente se ponen de acuerdo siempre, resolviendo sus problemas en detrimento de su hijo.
La primera impresión que da este tipo de padre es la de un hombre que tiene un alto sentido de los valores; pero cuando se le conoce mejor, muy pronto ni se da cuenta de que tiende hacer aplicar sus valores a los demás. Tolera pero no acepta a los que tiene valores diferentes, al menos hasta que terminen por aceptar sus puntos de vista. Mientras, no cejara de luchar contra toda opción que diverja de la suya. En lugar, como su mujer, de hacerlo indirectamente, lo hará directamente y con vigor. Dirá secamente a sus hijos que esta equivocados y que tiene que hacer lo que él dice pues el es quien tiene la razón. No cede y jamás transige. Frecuentemente se gana la inamistad de quienes no lo conocen pues están libres de expresar su cólera hacia él.
Este no es el caso para los miembros de su familia, quien deben afrontar una aluvión de criticas.
Se parece a un sacerdote predicando la moral a sus feligreses.
Por el contrario, para los miembros de su familia aparece como aquel que denigra todas sus cualidades así como sus capacidades para pensar y para actuar de manera independiente. Les recuerda constantemente que no tiene confianza en ellos y que son incapaces de llegar a ser gente de bien.
Resulta perfectamente comprensible que en tal medio es imposible desarrollar la confianza en si mismo.
El niño que ha crecido en este tipo de familia encierra en si una inmensa hostilidad que nunca ha logrado expresar a sus padres. No solamente se siente incapaz de hacerlo sino que, lo que se suma a su tormento, se siente igualmente indigno como individuo que nutre semejantes sentimientos. Con tanta cólera encerrada en sí mismo, esta en estado de conflicto permanente y cuanto mas tiempo conviva con su familia, mas sufrirá por su culpabilidad y su depresión.
Al haber sido inculcados tan temprano los gérmenes de la duda, el deportista con tendencia depresiva no logra desarrollar su seguridad. Por esta razón, le será particularmente difícil asimilar la derrota, pues esta revestirá para el un profundo significado. Antes de una derrota, la cuestión se mantiene en suspenso, pero después de esta, la evidencia se hace concreta de que él es verdaderamente tan malo e indigno como sus padres siempre lo han querido. Incluso se llega al punto de que los padres robustecen esta impresión tratando sus resultados deportivos de la misma manera que todo lo que el ha hecho en la vida. Quizás lo acepten en caso de victoria, pero en caso de derrota, su madre lo sabrá culpar y su padre, condenarlo.
Los padres también emplean muchos otros procedimientos para hacerle saber al muchacho que no vale nada. Si la familia tiene varios muchachos, se le hará comprender a cada uno de ellos que no es el favorito. Si, por el contrario, hay un niño mimado, se le hará comprender a los demás que son cargas y que su presencia en la familia es solo tolerada. El favorito entrara entonces en el juego de los padres y el resto de la familia será victima de sus criticas.
Todo esto repercutirá mas tarde en la carrera del deportista depresivo cuando deba integrarse a un equipo.
Tendrá la impresión de que su entrenador y sus compañeros de equipo tienen algo contra él. Cuanto más se estrechen las relaciones, mas miedo tendrá de ser victima de sus burlas. Nunca ha sido capaz de forjarse suficiente confianza para afrontar a los otros y afirmarse en un equipo.
Un ultimo medio eventualmente utilizado por la familia y los padres en hacerle creer al niño que la seguridad es un defecto, incluso pecado.
Por ejemplo, no tiene el derecho de pretender que es mas fuerte que un camarada o de decir que va a ganarle a otro deportista sin que se le haga comprender que, de alguna manera, es inmoral, malo irrespetuoso o poco amable. Si nutriera tales sentimientos, debe suprimirlos. Muy pronto tendrá la impresión de que sus padres desean que sea derrotado o que fracase. En muchos casos, esto es exactamente lo que quieren. Graves lagunas se esconden bajo la cobertura de la buena conciencia, y el único medio de que disponen los padres para sentirse a la altura de las circunstancias, es el de dominar al muchacho. Cuanto mas se mantenga sometido y deprimido, tanto más la impresión que tienen sus padres de ser gentes "de bien" será consolidada. Cuando el muchacho se torna mas fuerte y comienza a superarlos, ellos se siente amenazados y recurren entonces a toda una gama de procedimientos para hacerlo fracasar.
Todos conocemos la historia del padre que alienta a su hijo a practicar un deporte y lo apoya en este sentido. A veces, esto es admirable de su parte. Pero lo que con demasiada frecuencia se omite es decir que, tal padre no soporta las victorias de su hijo. En lo más recóndito de su personalidad, le gustaría poder ser su hijo, y como esto es imposible, sufre por ello.
Si su hijo llega a ser campeón, tendrá algo mas en contra del muchacho y se volverá en su contra. Es posible que, súbitamente, se torne frío, distante, encerrado en sí mismo o incluso agresivo. El hijo no logra explicarse semejante comportamiento. En algunos casos, su padre llegara incluso a retirarle su apoyo financiero o moral, lo que inevitablemente afectara sus resultados. El padre se venga así del éxito de su hijo, y finalmente ambos correrán el riesgo de verse arrastrados en la misma desbandad. Es obvio que su padre se ha comportado, ejerce una gran influencia sobre el deportista, sobre sus reacciones respecto a su entrenador así como sobre su conducta. Veamos someramente cuales son las técnicas que permiten ayudar al deportista con tendencia depresiva a convertirse en un deportista de mas valor.
Tratamiento
El tratamiento del deportista con tendencia depresiva depende en gran parte de la sensibilidad del entrenador para captar los sutiles semejantes lanzados por el deportista. Para este ultimo, estos mensajes son inconscientes, pero ofrecen índices validos sobre la manera en que le gustaría ser tratado para poder superar su depresión. En otras palabras, el deportista le dice inconscientemente a su entrenador como le gustaría que se ocupara de él para lograr así sacarle el máximo provecho a sus posibilidades. Para ello, es necesario que el entrenador logre descifrar este mensaje. Esto se aplica no solo a los problemas del deportista depresivo, sino también a todos los demás mencionados en este trabajo. Tratando de ver mas allá del solo contenido de sus palabras, un entrenador quizás lograra descubrir los medios más eficaces para tratar a todos sus deportistas.
Se descubrirá, entre semejantes índices, el tipo de emoción experimentada por el deportista, su comportamiento con sus compañeros de equipo y con otros representantes de la autoridad, su actitud general en sus relaciones con su entrenador.
El entrenador, a menudo, alcanza un mejor resultado dejándose guiar por estos índices sutiles mas que por aquellos que son más evidentes.
En el deportista depresivo, estos índices sutiles revisten una particular importancia ya que los mismos pueden demandar del entrenador tipos de tratamiento completamente opuestos. Los mensajes inconscientes emitidos por el deportista, a menudo con complejos. Uno de estos mensajes solicita del entrenador su ayuda y su apoyo. Este tipo de mensaje, generalmente es un llamado a la comprensión. El deportista le pide a su entrenador que acepte ayudarlo y alentarlo hasta que haya superado su crisis o haya saludo de su depresión. Si el entrenador le ofrece este apoyo, una vez curado, el deportista estará listo para darle lo mejor de si mismo a este entrenador y a su equipo.
Pero si, por otra parte, su entrenador lo rechaza, el deportista nunca tendrá la impresión de serle deudor de cualquier cosa que sea y entonces se sentiría que no podrá contar con su entrenador en los momentos difíciles. A veces esta depresión constituye una verdadera prueba para el entrenador en ese momento, ya sea por el riesgo de perder a su deportista, ya sea por el triunfo de ayudarlo a alcanzar un nivel el cual, de otro modo, nunca hubiera logrado.
Queremos señalar que tal tratamiento será igualmente beneficioso para los otros miembros del equipo.
Pudiera denominarse tratamiento de "apoyo". El entrenador incluiría en este, expresiones de estímulos del tipo "no te preocupes", "no te mortifiques, todos tenemos un día malo", "olvídalo, mañana será un nuevo día " o "no te dejes preocupar". También podría evidenciar su apoyo con gestos tales como una palmada amistosa o una sonrisa cómplice. Pero, algunas veces nada de esto será necesario y le bastará con ser suficientemente paciente para permitirle al individuo en cuestión superar sus problemas.
Una dificultad que surge en la aplicación de tal tratamiento proviene del hecho de que muchas gentes se dejan apiadar por el deportista con tendencia depresiva y la mayoría están dispuestos a mostrarse gentiles y brindarles su asistencia.
El deportista cuenta sus desventuras de tal forma que llega a inspirar lástima. Hay individuos que aprecian esto de tal modo, que hace de ello su modo de vida habitual. Es todo lo que tienen para atraer la atención hacia ellos, para sentirse apoyados y reconocidos por los demás.
Frecuentemente nos sentiremos confundidos al comprobar que determinado numero de personas no reaccionan favorablemente al tratamiento. Se tornan aun mas difíciles de gentileza y la comprensión no parecen surtir efectos en ellos.
A veces se tiene la impresión de que al apoyarlos, no se logran mas que deteriorar la situación. El mensaje que ellos nos trasmiten es muy diferente. Estos individuos, mas que buscar el apoyo y la consideración, lo que en realidad buscan es el castigo. Es un poco como si ellos tuvieran el sentimiento de haber sido "niños malos" y que necesitaran ser amonestados. Si esta amonestación no ocurre, entonces tienen lka impresión de ser indignos. Si, por el contrario, se les ofrece apoyo y gentileza, esto solo agravara su depresión ya que solo se sentirán más culpables.
Si semejante proceso se continúa, el deportista solo le quedara la posibilidad de abandonar el deporte o de escaparse.
Esto representa un castigo severo que el mismo se inflige.
Hubiera sido más eficaz haber castigado a este deportista cuando solo estaba medianamente deprimido en vez de dejar prolongar este estado por demasiado tiempo.
El castigo al cual hacemos alusión es de un genero muy delicado. El entrenador tiene dos mensajes que trasmitir. Por una parte, debe decirle al deportista que no esta satisfecho con sus resultados, con su actitud y con su comportamiento en el entrenamiento, etc.; por otra parte, debe hacerle comprender que él está perfectamente convencido de que el deportista es capaz de hacer lo que se espera de él. Al formular esto de manera sucinta, el entrenador podría decir algo por el estilo: "tu actuación da pena, yo lo deploro tanto como tu. No pensemos mas en ello y pongámonos a trabajar. Tu y yo sabemos que tienes las capacidades, entonces, enterremos el pasado y decidamos ahora a rehabilitar la situación".
El entrenador, al castigar al deportista por un lado, por el otro va en su ayuda. También le ofrece una oportunidad de volver a partir de cero, con al conciencia tranquila.
Le hemos dado a este tratamiento el nombre de técnica de la "reprimenda".
Aquí nos damos cuenta que si el entrenador no percibe los índices sutiles que le lanza el deportista sobre la manera en que hay que tratarlo, puede cometer graves errores, y los resultados del deportista sufrirán los efectos.
Si el entrenador interpreta la necesidad de ser ayudado como una necesidad de ser castigado, el deportista corre el riesgo de quedarse por mucho tiempo fuera de combate. El resultado será parecido cuando el entrenador, en lugar de lanzar una reprimenda, ofrece un apoyo exagerado. Uno de los signos más evidentes que revela que no ha escogido la técnica correcta es que el deportista sigue estando deprimido. Si ocurre que un entrenador se equivoque, es preferible que lo haga mejor brindado demasiado apoyo que no castigándolo. Equivocándose en la otra dirección, se exponen a perder tiempo y talento ya que, el deportista ni se recupere jamás.
No olvidemos que una depresión, a menudo no es más que un fenómeno temporal y que un poco de apoyo es todo lo que el deportista necesita para salir de la rutina. Sin embargo, si la misma se prolonga, entones se tratará de utilizar la reprimenda, pero para comenzar, en menor escala. Recordamos a un entrenador que tenia un deportista que siempre estaba mas o menos deprimido hasta el dia en que se puso tan bravo que "exploto". El entrenador y su deportista tuvieron entonces la impresión de haberse librado de un gran peso, y después de esta confrontación, pudiera decirse que el deportista fue otra persona. No solo mejoraron sus resultados, sino también la calidad de sus relaciones con su entrenador. Llegaron a ser muy buenos amigos. Volvieron a discutir el hecho solo mucho tiempo después, dándose cuenta ambos del significado de esta "lluvia de injurias".
El entrenador deberá tener en cuenta el siguiente aspecto: Si los resultados del deportista son la cusa de su depresión tendrá una influencia mucho mayor sobre éste comportamiento que si dicha depresión se debe a otros factores.
Si, por ejemplo, esta deprimido y esta depresión es causada por su familia o su amiga, en este caso el entrenador estará en desventaja para resolver esta situación en relación con la familia o la amiga en cuestión. En tales circunstancias, es necesario determinar la causa de la depresión antes de tratar de intervenir.
Los esfuerzos del entrenador serán más fructíferos si este se siente interesado por los otros aspectos de la vida del deportista y deberá comunicarle constantemente tal mensaje, ya que el deportista pudiera creer que son sus resultados la causa del problema.
Sus resultados, desde luego, pueden reflejar las consecuencias de un conflicto exterior. En nuestros jóvenes deportistas, las relaciones amorosas y familiares son, a menudo, el centro del problema. Cuando se logra encintrarles una solución, valida, los resultados alcanzados reflejan este cambio.
El tratamiento del deportista depresivo incluye una serie de grados. El entrenador comprenderá la necesidad que hay de superar estos grados lentamente. En general, su objetivo es el de ayudar al deportista a desarrollar su confianza en si mismo, luego a estimularlo a que exprese su hostilidad hacia el medio externo, cosa fácil. Para lograrlo, el entrenador deberá apelar a cierto número de procedimientos diferentes. Uno de ellos consiste en detectar y comentar con el deportista uno de los aspectos en el cual es brillante. Es importante sólo hablar de sus acciones meritorias y no mencionar ninguno de sus errores, cuando se trata de brindarle ayuda al deportista deprimido.
Por ejemplo, se mostrara gran interés por una fase que el deportista domine bien. Para hacerle comprender que en realidad es nuestra opinión, se podrá hacerle realizar la demostración ante algunos compañeros de equipo. Otro procedimiento eficaz para crear la confianza en sí mismo es el de hacer practicar a fondo un pequeño detalle, con el fin de que al menos en una esfera, el deportista pueda sentirse confiado.
Cuanto mejor lo realice, mas se le facilitará, y más fácil será construir a continuación algo más sólido sobre esta base.
Si luego se logra reunir varias de estas fases, se ampliaría el grado de confianza. Tal modo puede resultar como una prueba para el entrenador y exige mucha paciencia por parte de este, pero esto constituye un primer paso necesario.
Una vez alcanzado determinado grado de seguridad, entonces el entrenador puede empezar a estimular una sana exteriorización de la agresividad.
Es esencial para el deportista sentirse apoyado por su entrenador cuando da riendas sueltas a su agresividad, ya que en algunos deportistas, dicha agresividad siempre ha estado asociada a un castigo y al temor.
Al desempeñar el papel de un protector, el entrenador le hace saber que lo ayudará si pierde el control de sus sentimientos agresivos.
Es necesario que el deportista sienta que está bajo control, si no, nunca estará suficientemente seguro de sí mismo para exteriorizarse.
Conocemos, por ejemplo, un entrenador que acosaba a unos deportista tímidos en situaciones donde estos se verían forzados a ponerse bravos. Entonces dichos deportistas se verían obligados a exteriorizar abiertamente los sentimientos agresivos que anidaban en su contra.
El entrenador los felicitaba seguidamente diciéndoles que habían demostrado así que eran hombres, les hacia observar, además, lo bien que el se sentía cuando ellos se tomaban la libertad de expresarse.
En algunas circunstancias, será necesario estimular a los deportistas de una manera muy diferente a que exprese abiertamente su agresividad mejor que a interiorizarla.Pensamos, por ejemplo, en el entrenador que le dice a su deportista que ya que ha sido lo suficientemente desafortunado en su vida, ya es hora también de que manifieste lo que tiene "guardado".
Le asegura asimismo que es mucho más capaz de lo que sus resultados muestran y que, por consiguiente, se equivoca mostrándose tan complaciente y tan modesto.En realidad, el deportista se miente a sí mismo en cuanto a su talento cuando se niega a liberar, como es debido, su agresividad durante una prueba.
Existe otro procedimiento a la disposición del entrenador para ayudar a que los deportistas se manifiesten.
Entre estos deportistas, muchos tienen miedo de hacerlo ya que temen las consecuencias.
En lugar de dejar que el deportista cargue con toda la responsabilidad, el entrenador puede hacerse cargo de una parte. Deberá informar al deportista sobre ello y así, si las cosas toman un mal giro, el deportista sabrá que no será el único a ser reprobado.
Atención a no olvidar semejante compromiso; el deportista se daría cuenta. Pero si esto debe suceder, el entrenador debe estar presto a aceptar la reprobación de sus deportistas. Haciendo esto, fortalecería el espíritu de equipo.
Hay deportistas que tienen de sí mismos una opinión de perdedores simplemente porque arrastran consigo un largo pasado de perdedores. Parecen atraídos por los papeles subalternos. A veces hay quienes se apresuran pro adoptar esta actitud y se hallan bien en ello.
Por ejemplo, el niño demasiado pequeño y siempre desplazado en una competencia podrá sentirse a sus anchas cuando pierde porque con esto, entretiene a los otros o resulta simpático verse rodeado de camaradas de juego. Quizás, al crecer, conservaría la misma actitud general. Semejante fenómeno también puede desarrollarse cuando un deportista comienza a jugar en un equipo débil y que, al principio, no le gusta la derrota. Poco a poco termina por acostumbrarse a ella y al cabo de cierto tiempo, la derrota no le molesta del todo.
A veces, perder puede llegar a ser una verdadera tradición.
Por ejemplo, tal equipo siempre ha tenido tan pésimos resultados que al ganar, esta victoria equivaldría a romper un record.
Es un poco como si al ganar, tuviera miedo de perder su reputación - de perdedor. Si la victoria llegara a ser una situación promedio, ya nadie lo notaría. En tales circunstancias, el entrenador debe volver a comenzar desde el principio, y tratar de implantar la confianza así como la exteriorización de la agresividad. Debe concentrar su atención en los deportistas que manifiestan las cualidades mas positivas y recompensarlos.
Rápidamente, el resto del equipo descubrirá los criterios de recompensa del entrenador.
Es bien conocido casos de deportistas que se consideraban como perdedores pero que han cambiado de concepción después de ser incluidos en equipos habituados a la victoria. De negativas su actitud se ha transformado en positiva. Si el entrenador piensa que un deportista pertenece a esta categoría, solo tendrá que estimular sus lados positivos. También deberá hacerlo notar al resto dele quipo. Es una manera sutil de hacerle comprender al deportista que él es un miembro mas del grupo y que el también es un vencedor, no un perdedor.
Hemos hablado de dos tipos diferentes de atletas depresivos, y, por tanto, es importante ajustar suficientemente su modo de tratamiento al tipo correspondiente. Aunque los procedimientos descritos anteriormente tengan un valor general, el ligero cambio de tratamiento repercutirá en la actividad del atleta.
En el atleta apático, se estimula y/o se organiza la reanudación de la actividad por breves etapas coronadas todas de éxito.
El entrenador obtendrá buenos resultados proponiendo un programa de exigencias imitadas. Cuando se logre ganar la participación del atleta, no se escatimaran los estímulos, cualquiera que sea el resultado. El éxito no se hará esperar. Lo más importante al principio es devolverle el gusto de la acción.
Por otra parte, el atleta depresivo agitado tendrá necesidad de ser calmado. Sugerimos reducir sus actividades.
Se preverá un programa destinado a reducir, incluso interrumpir totalmente las actividades, si esto fuera necesario.
Una vez llegados a este punto, se le prescribirá breves entrenamientos bien definidos. Cualquiera que sea la disciplina practicada, es importante dosificar correctamente y controlar las actividades cuando se trata de un caso de depresión.
El entrenador debe tener muy presente que le será necesario romper el esquema familiar que es el origen de la tendencia depresiva del atleta, poco importa el tratamiento utilizado.
Debe esforzarse por no ser restrictivo y critico. Al castigar severamente y al utilizar métodos culpabilizadores, no hará mas que estimular los rasgos depresivos. El entrenador debe estar consciente de que se vera sometido a una ruda prueba pues, si bien, tiene la impresión de cumplir con su deber, quizás no obtenga mas que un éxito limitado.
Esta impresión también contribuye a nutrir la depresión. Habrá pasado por alto determinado numero de detalles que revisten gran importancia para el atleta. En este caso, es preferible cuestionar todo el tratamiento.
Una buena comprensión de los atletas con tendencia depresiva también se impone por otra buena razón, y algunos entrenadores lo han logrado exitosamente. A veces conocen a atletas de esta categoría del equipo adversario y le encargan a uno de ellos que se ocupe del caso a su manera. Por ejemplo, le piden a su equipo que se enfrenten a estos jugadores en particular, a sabiendas de que si logran resquebrajar su moral, esto repercutirá en todo el equipo y trastornaría la otra parte. Todo entrenador prudente sabrá sacar partido de esto, no solamente con los síntomas de la depresión, sino también con los demás problemas mencionados en este libro.
También será igualmente importante saber que el atleta A esta al borde de la depresión o que el atleta B corre el riesgo se sentirse aplastado cuando se le somete a una fuerte presión, como conocer la táctica del equipo adversario. Por esta razón esencial, es necesario conocer bien sus problemas con el fin de evitar exponer sus debilidades. La fuerza de un equipo depende a menudo de la de su miembro más débil.
RESUMEN
Este capítulo ha sido dedicado al atleta con tendencia depresiva, a este individuo que la derrota parece afectar hasta un punto extremo.
Una grave derrota o una serie de reveses bastan para provocar en tal personaje un repliegue completo hacia si mismo.
Muy fácilmente se puede culpar a un atleta de este tipo.
Además, también tiene tendencia a sentirse responsable, con razón o sin ella, de todo lo que no sale bien.
En este capitulo hemos descrito dos tipos principales.
Primeramente el depresivo apático en quien, cuanto más aumenta la depresión, mas disminuyen sus actividades. Se observa una disminución pronunciada de su comportamiento general así como una disminución de su rapidez de reacción y de su nivel de actividad. Cuando la depresión se prolonga, llega el momento en que se detiene completamente. Llegado a esta etapa, podrá incluso decidir abandonar a su equipo.
Por su parte, el tipo agitado resulta cada vez mas activo, acumulando así los errores. Es incapaz de disminuir su ritmo o de detenerse por un tiempo suficientemente largo para reflexionar sobre lo que esta haciendo. Decide entrenarse mas a menudo, pero con esto no hace mas que profundizar sus propios errores, sus fracasos, tanto en el entrenamiento como en la competencia, lo llevan a menudo a abandonar el deporte.
Hemos sugerido que este síndrome provenía principalmente de una agresividad mal dirigida. En lugar de molestar contra los que lo rodean, se encoleriza intensamente consigo mismo. La cólera induce seguidamente un severo auto-castigo que un día culmina en el castigo final, la renuncia al deporte.
La infancia de un atleta semejante nos revela a menudo un padre autoritario y rígido, moralizador y sentencioso.
Cualquier cosa que emprenda, el muchacho casi siempre se vera criticado sin que este autorizado para expresar su hostilidad o su cólera bajo forma agresiva.
La madre, por su parte, convencida de su legitimo derecho, utiliza la culpabilidad como medio de presión. En vez de encolerizarse cuando se le utiliza, el muchacho se siente culpable. Es su único medio.
El tratamiento de este atleta quizás sea difícil, y el entrenador deberá estar muy atento para recibir sus sutiles mensajes. Existen dos medios diferentes para tratarlos, y a menudo es el propio atleta quien indica cual escoger.
El primer método consiste en apoyar y en estimular al atleta cuando este piensa haber cometido u error o una serie de errores. Puede ser que tal apoyo se muestre eficaz para eliminar la depresión pues con el mismo se elimina la impresión de que debe ser castigado cada vez que es malo.